Malabares

hm

La señora Mantel tiene la rara habilidad de crear en el lector la necesidad de abandonar la novela, no solo ésta, otras también, pero ésta en especial. El deseo cobra forma y fuerza en la página diez, en la veinte, en la cincuenta. Sin embargo, el explorador avanza en su anábasis, hipnotizado por las palabras y sus derroteros, perplejo, como ante los malabaristas indios de Hazlitt. ‪GJ

#Mantel

I often think there is nothing quite so poignantly sad as old family groups

nmI

There is a photograph of Aunt Sadie and her six children sitting around the tea-table
at Alconleigh. The table is situated, as it was, is now, and ever shall be, in the
hall, in front of a huge open fire of logs. Over the chimney-piece plainly visible
in the photograph, hangs an entrenching tool, with which, in 1915, Uncle Matthew had
whacked to death eigth Germans one by one as they crawled out of a dug-out. It is
still covered with blood and hairs, an object of fascination to us as children. In
the photograph Aunt Sadie’s face, always beautiful, appears strangely round, her hair
strangely fluffy, and her clothes strangely dowdy, but it is unmistakably she who
sits there with Robin, in oceans of lace, lolling on her knee. She seems uncertain what to do with his head, and the presence of Nanny waiting to take him away is felt though not seen. The other children, between Louisa’s eleven and Matt’s two years, sit round the table in party dresses or frilly bibs, holding cups or mugs according to age, all of them gazing at the camera with large eyes opened wide by the flash, and all looking as if butter would not melt in their round pursed-up mouths. There are, held like flies in the amber of that moment, click goes the camera and on goes life; the minutes, the days, the years, the decades, taking them further and further from that happiness and promise of youth, from the hopes Aunt Sadie must have had for them, and from the dreams they dreamed for themselves. I often think there is nothing quite so poignantly sad as old family groups.

QUAMQUAM RIDENTEM DICERE VERUM QUID VETAT?

NL

Que todos tus problemas sean pequeños, como un pedófilo le dijo a otro.
WB, Naked Lunch

-¿Es necesario el cuerpo?

-No. Es prescindible. El cuerpo es una plataforma infinitamente defectuosa que solo provoca dolores y obsesiones. Además, se deteriora por segundo, muere y desaparece. Con un cerebro alcanza. Con la condición de que no sea físico.

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Mujer pública

jc

“Qué espectáculo triste da el provinciano que pretende pasar por persona de mundo.”

O quizás haya algo todavía más patético: Que el provinciano que pretende ser persona de mundo ostente la impostura públicamente, jactándose, traficando el horror por virtud, luciendo la moda del día como si fuera el ápex de una carrera, hablando como quien no es.

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Ese fantasma que recorre el mundo

La nostalgia extemporánea es la corrupción de la nostalgia, la exacerbación de la ansiedad. Es sufrir por el futuro, ese fantasma que recorre el mundo, pero que no existe. Es hundirse abrazado a un madero inmaterial. Es caminar, de la mano del terror, por el camino que no estamos pisando. Es padecer, abandonado, rodeado de vacío, silencio y ahogo. Es la desesperación que toma el control cuando caemos en la cuenta de que esas olas que nos acarician los pies seguirán fluyendo indiferentes, aún cuando ya no estemos ahí, para mirarlas y sentirlas. Es la angustia perpetua. Es voluntad de morir. GJ

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La posverdad a todo color

It doesn’t seem possible that a man who owns a television network can be such a bad liar. It seems so essential to his success.
Truman Capote
I

Escribe Pierre Bourdie en su ensayo Sobre la televisión: ¿Por qué la gente hace todo lo posible por aparecer en la televisión? Se trata de una cuestión muy importante que la mayor parte de los investigadores, de los científicos, de los escritores, por no mencionar a los periodistas, que aceptan participar no se plantean. … Creo, en efecto, que, al aceptar participar sin preocuparse por saber si se podrá decir alguna cosa, se pone claramente de manifiesto que no se está ahí para decir algo, sino por razones completamente distintas, particularmente para dejarse ver y ser visto. “Ser”, decía Berkeley, “es ser visto”. Para algunos de nuestros filósofos (y de nuestros escritores) ser es ser visto por los periodistas (lo que implica muchos compromisos y componendas). … Al no contar con una obra que les permita estar continuamente en el candelero, no tienen más remedio que aparecer con la mayor frecuencia posible en la pequeña pantalla, y por lo tanto han de escribir a intervalos regulares, cuanto más cortos mejor, unas obras cuya función principal, como observaba Gilles Deleuze, consiste en asegurales que serán invitados a salir por televisión. De este modo la pantalla del televisor se ha convertido hoy en día en una especie de fuente para que se mire en ella Narciso, en un lugar de exhibición narcisista.

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